2010
08.22

Recientemente tuve una interesante y enriquecedora discusión con un amigo acerca de las propiedades intrínsecas de las cosas. Discutíamos si los Haiku, esos poemas minimalistas japoneses de tres versos tienen “algo especial”, o ese “algo especial” en realidad está dentro de nosotros, y de cómo experimentamos la lectura del Haiku.

Los qualia son la cualidad o experiencia subjetiva que experimentamos en nuestra mente cuando percibimos algo. Por ejemplo, el color rojizo de una rosa, o el azul del cielo. Una cosa es la palabra “azul”, y otra es el sensación de azul que experimentamos internamente. Es más, recientes experimentos neurológicos parecen confirmar que las sensaciones que experimentamos internamente ante un mismo fenómeno pueden ser realmente diferentes. Así que cuando tú y yo vemos el color “azul” del cielo, realmente podemos estar experimentando azules diferentes en nuestra mente. Es más, en el caso extremo, podría suceder que aunque mi color favorito fuera el “azul” y el tuyo el “rojo”, dentro de nuestra mente estuviéramos experimentando el mismo color en realidad (y llamándolo de forma distinta).

Esto puede aplicarse a cualquier sentido o experiencia: ¿el azúcar “es dulce”, o somos nosotros quienes la percibimos como tal y la hacemos dulce? La cuestión de si las cualidades de las cosas están en nuestra mente o fuera de ella no es trivial, y es un debate filosófico aún vigente. A finales del siglo pasado (glup! :S) precisamente, leí un libro sobre inteligencia artificial que trataba este tema:

La fenoltiourea es una sustancia que tiene un sabor intensamente amargo para el 75 por 100 de las personas y es más o menos insípida para el resto. ¿Es amarga la fenoltiourea? Ésta es una pregunta extraña para quien cree ingenuamente que un enunciado como «El azúcar es dulce» dice algo acerca del azúcar mismo, en contraposición al efecto que tiene en nosotros el azúcar. Pero hay algo peor. La respuesta de una persona a la fenoltiourea está determinada genéticamente. Eso significa que si a quienes la encuentran amarga se les impide -imaginémoslo- tener descendientes, la sustancia se volverá insípida para todo el mundo en quizá una docena de generaciones (igual que los ojos azules se podrían extinguir si a las personas con ojos azules de cada generación se les impidiera reproducirse). De este modo, la fenoltiourea pasaría de ser una sustancia que le sabe amarga a la mayoría de la gente a ser una sustancia universalmente insípida, todo ello sin ninguna alteración en las propiedades químicas o físicas de la fenoltiourea.

Jack Copeland – Inteligencia Artificial. Alianza Editorial, 1996

En otras palabras, hay dos corrientes de pensamiento contrapuestas:

  1. Una flor roja, no “es roja”. Simplemente refleja una longitud de onda y nosotros la “vemos roja” (o rojo-grisácea si eres daltónico). Si piensas así estás en la corriente fisicalista, las cosas son como son, y nosotros tenemos de ella una experiencia subjetiva.
  2. Una flor que vemos roja, efectivamente, “es roja”. El color rojo viene del reflejo que está en una longitud de onda, pero eso es algo externo a nuestra mente, que está en la planta y forma parte de sus cualidades físicas. En ese caso te decantarías por la vertiente antifisicalista o también llamada dualista

Atendiendo a lo anterior, yo sería fisicalista, aunque con algunas objeciones, pues es probable que determinados qualia sean una mezcla de fenómenos dentro y fuera de la mente. Esta cuestión filosófica no es una trivialidad, sino que da lugar a interrogantes más profundos: ¿Experimentamos los mismos qualia los seres humanos ante un mismo fenómeno? (Las investigaciones neurológicas parecen indicar que no) ¿Experimentarán qualia las máquinas en el futuro?

Así pues, ¿Tienen los Haiku una cualidad especial (quale) en sí mismos? ¿O son sólo manchas de tinta en un papel (o píxeles en la pantalla de tu computador) y la sensación que nos transmite está sólo en nuestra mente? De nuevo, esta cuestión no es tan trivial, ya que desde el punto de vista lingüístico y de la semiótica, el haiku sería algo más que “manchas de tinta” o “píxeles”.

Y para terminar un Haiku de Miura Chora (S. XVIII):

Nace el Otoño,
se deslizan las Nubes
y se ve el viento.

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  1. Si te gusta este tema y tienes tiempo (¿quién lo tiene hoy día? 🙄 ) te recomiendo que leas el libro que menciono, porque te va a gustar. De hecho muchos de los problemas de IA que todavía hoy abordan investigadores nóveles en el tema (o incluso algunos afamados gurús) ya están planteados en ese libro y en algunos casos bastante acotados!

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    • Pues me lo apunto para leerlo a la vuelta a España 😉

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  2. Es curioso lo que planteas, yo también me situaría como fisicalista, pero como bien dices, con algunos matices. Me ha gustado el post 😉

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