2010
12.18

Fumeque: El día después

Bueno, tras un mes ajetreado, vuelvo a las andadas. En el post anterior dejé caer que no estaba seguro de mi decisión en el ámbito laboral (ya vi cosas que no me gustaron desde el primer día); no estaba muy convencido, pero como me he considerado siempre una persona insegura, pensé que se debía a eso. Sin embargo mi intuición no se equivocó. Evidentemente fue un error, del que afortunadamente salí bien parado, y de paso aprendí y vi las cosas más claras (hay momentos en la vida que te iluminan).

  • Aprendí, por ejemplo, que hay gente que no tiene mucha interacción contigo (y en la que no reparas demasiado) y que luego descubres que le importas; y que hay otra que te dice y te repite que es amiga tuya y que luego no lo es tanto.
  • Descubrí que buscar el trabajo de mis sueños es como perseguir El Dorado. Muchos colegas que conozco sacrifican todo por unas condiciones laborales pésimas en busca de un sueño laboral (un trabajo de investigación bien pagado y de prestigio) que nunca llegará (este tipo de sacrificios sólo lo entiendo cuando eres emprendedor, porque te sacrificas para tí mismo y no para otros). El trabajo de tus sueños es aquel en el que los compañeros y el ambiente laboral es agradable y no te daña psicológicamente. Si además es un trabajo apasionante, pues es un bonus.
  • También me di cuenta que todos tenemos una proyección mental de los demás, una imagen de cómo creemos que es y cómo esperamos que reaccione. Del mismo modo que yo la tengo con los demás, los demás la tienen de mí. Una persona sabia tiene esto en cuenta ya que a veces las personas pueden o quieren cambiar. Intentar romper esa imagen es difícil (en algunos casos imposible), de manera que cuando no actúas de la forma esperada pueden percibir tu reacción como distorsionada. También da igual a veces lo que hagas o digas, porque esas personas ya han oído o concluido lo que esperan de tí: la gente está cómoda con esa imagen que tiene (de tí) y esperan que sigas igual.
  • Muchas personas se quejan de “lo mal que está todo”, o de “qué mal lo hacen otros” para a continuación repetir y cometer ciegamente los mismos errores; a veces es difícil reconocer que se es parte del problema.

Bueno, ya basta de tanta dosis de Boriel-Confucio. Mejor tomárselo con humor y seguir mirando hacia adelante (en mi caso, hacia atrás), porque ahora, viéndolo desde la lejanía, descubro que no sólo estoy mucho mejor (estoy pasando un buen momento), sino que hubiera sido a largo plazo un error gravísimo seguir donde estaba. A veces nos aferramos a las cosas, a las ilusiones (esa imagen, esa proyección de cómo nos gustaría que fueran las cosas) en vez de aceptar cómo son en realidad.

Así que ahora, a por nuevos proyectos (que eso nunca me falta). Algunos aparecerán por aquí.

Share

Comentarios cerrados